Maratón Valencia 2018...o como a veces las cosas no salen como esperabas, PERO SALEN

Soy fiel defensora del “todo esfuerzo tiene su recompensa” pero a veces, no llega cuando o como queremos.

Preparar un maratón, o cualquier prueba en general, implica un sacrificio, una dedicación diaria, un esfuerzo extra en nuestro día a día, y todo para conseguir el resultado deseado, ya sea una marca personal o simplemente, acabar, cruzar la meta con la que tanto has soñado.

Pues bien, mi sexto maratón, muchos años entrenando ya y primera vez en Valencia. Sabía que era un maratón rápido, el test en la media había salido muchísimo mejor de lo esperado, los entrenamientos salían a la perfección y clavando los tiempos…todo apuntaba a que sería MI MARATÓN, a que iba a hacer MMP con diferencia…pero como he dicho, a veces la recompensa al trabajo duro no llega cuando o como esperamos, y todo por algo muy sencillo, la presión. A mí la presión me afecta mucho, ya cuando estudiaba los mejores exámenes eran los que practicamente no pensaba en ellos, los que hacía sin tensión ni autoexigencias…y esta vez ha vuelto a ocurrir. Pero como de todo se aprende, después de días de reflexión y de mucho darle vueltas, he llegado a una conclusión, no ha sido una decepción, ha sido un aprendizaje.

He aprendido que aunque no me haya salido el resultado esperado, el camino ha valido la pena, han sido tres meses entrenando duro y eso no me lo quita nadie, tengo más objetivos en mente y todo esto me beneficiará en algún momento. He aprendido que lo importante es disfrutar de cada competición, no soy profesional ni pretendo serlo, así que cuanto más disfrute mejores resultados obtendré (demostrado en otras pruebas). He aprendido que la ansiedad, presión y nervios son buenos pero hasta cierto punto, y que cuando sobrepasas la barrera se vuelven en tu contra.

El domingo 2 de diciembre había dormido bien, había comido bien (con un plan nutricional específico), había entrenado mejor que nunca (con mi entrenador), tenía todo a mi favor, pero mi cabecita fue más allá e hizo que mi cuerpo no respondiera como había planeado.

Salí a un ritmo más bajo del estipulado, pero incluso así no me sentía cómoda, era como si todo mi cuerpo pesara diez kilos más y no pudiera correr rápido, como ese típico sueño en el que quieres correr y no puedes, y con todas tus fuerzas lo intentas pero algo te lo impide, pues igual. Imaginad esa sensación…pues en el kilómetro diez ya la llevaba desde hacía unos cuantos kilómentros, Jordi lo notó y el pobre estuvo padeciendo los 32 kilómetros restantes. Yo me resigné, hice un trabajo mental bastante fuerte en medio de aquel caos físico y me dije; “Hemos venido a jugar, no hay opción a retirada, esa meta la pisas como te llaman Laura”. Pese a bajar ritmo no me notaba cómoda, además no me entraba nada, ni las barritas que suelo llevar, ni los hidratos bebidos, total que en todo el maratón me comí dos barritas, cuando tenía que haber comido cuatro y dos botellas de hidratos bebidos, imaginad el déficit. Apunte, las barritas son blanditas y las deshago en la boca, no me sientan bien los geles y tomo las AMELIX DE OVERSTIMS

Mi salvación fue que en el kilómetro 25 más o menos me alcanzó Isa (ON MY TRAINING SHOES) y me dijo; “Laura, tienes que comer, sino no llegas a meta”. Eso hizo obligarme a comer y por lo menos algo de “energy” recuperé, sus ánimos me sirvieron para unos kilómetros más y allá por el 36 una vocecita por detrás fue mi otra salvación. Cris (THE BEAUTY MAIL) y Laura me habían alcanzado, y lo estaba ansiando hacía kilómetros, sabía que estaban por detrás y necesitaba un plus para apretarme un poquito y llegar a meta. Y así fue, en cuanto me recogieron, empecé a encontrarme mejor (lo sé, es todo psicológico, pero me vino de perlas) incluso apreté cuando ellas apretaban, un chute de energía extra que me hizo llegar a meta con buenas sensaciones al final y todo, incluso me paré a 400m de meta por que se había caído un chico en una bajadita, estaba para que me ayudaran a mí pero saqué fuerzas para levantarlo, eso hizo que tuviera que sprintar para cogerlas de nuevo, con el consiguiente calambrazo en el gemelo, que superé por que solo quedaban 400m jejejeje.

En meta estaba Isa esperándonos, ese abrazo final fue lo más, lo necesitaba y sentí que había hecho algo grande, aunque sin hacer la marca esperada, había terminado pese a las adversidades, 3:30h de trabajo mental, toda una introspección que he asimilado con los días.

El deporte me ha enseñado mucho, y este maratón ha sido toda una revelación de algo que ya sabía pero que no había interiorizado aún: TODO ESFUERZO TIENE SU RECOMPENSA, aunque la recompensa no sea la esperada, pero sí la hay, en este caso la mía ha sido a modo de autoaprendizaje (algo muy importante y a lo que no prestamos atención) no solo la recompensa es a modo de resultados numéricos, a veces es algo más.